Muchas familias se hacen esta pregunta cuando ven que a su hijo o hija le cuesta leer más que a sus compañeros. Equivocarse al aprender a leer es normal. Lo que puede indicar dislexia es que las dificultades se mantengan en el tiempo, a pesar de practicar y de recibir ayuda en la escuela.

Qué es la dislexia

La dislexia es una dificultad específica y persistente para aprender a leer con fluidez y precisión. Tiene una base neurobiológica y no se explica por falta de inteligencia, de esfuerzo ni de oportunidades para aprender, ni por problemas de visión o de audición. En los manuales diagnósticos (DSM) se recoge como un trastorno específico del aprendizaje con dificultades en la lectura.

Suele afectar sobre todo a la descodificación —convertir las letras en sonidos y reconocer las palabras escritas— y, como consecuencia, a la velocidad lectora, a la ortografía y, a veces, a la comprensión.

Señales en educación infantil (4 y 5 años)

  • Retraso en el lenguaje oral o dificultades de pronunciación que se mantienen.
  • Le cuesta aprender el nombre y el sonido de las letras.
  • Le cuesta jugar con los sonidos: encontrar rimas, separar una palabra en sílabas o saber con qué sonido empieza.
  • Le cuesta recordar secuencias, como los días de la semana o el abecedario.
  • Hay antecedentes de dificultades de lectura en la familia.

Señales en los primeros cursos de primaria (6 a 8 años)

  • Le cuesta mucho asociar cada letra con su sonido.
  • Lee muy despacio, silabeando, y con errores: cambia, omite o invierte letras y sílabas.
  • Confunde letras parecidas (b y d, p y q) más allá del primer curso.
  • «Adivina» las palabras a partir de la primera letra o del dibujo.
  • Entiende bien un cuento cuando se lo leen, pero no cuando lo lee solo.
  • Evita leer o se cansa enseguida.

Señales a partir de los 8 o 9 años

  • Lee correctamente, pero muy despacio y con mucho esfuerzo.
  • Le cuesta entender lo que lee, porque gasta la energía en descodificar.
  • Comete muchas faltas de ortografía, incluso en palabras conocidas.
  • Le cuesta aprender otras lenguas.
  • Dice que no le gusta leer, se frustra o empieza a pensar que «no sirve para estudiar».

Ninguna de estas señales, por sí sola, significa que haya dislexia. Lo que importa es que aparezcan varias y que se mantengan.

Cuándo consultar

Si varias de estas señales se mantienen durante meses a pesar de practicar, o si notas que tu hijo sufre con la lectura, vale la pena consultar. No conviene esperar «a que madure»: la detección precoz reduce el impacto en el resto del aprendizaje.

  1. Habla con el tutor o la tutora y con el equipo de orientación de la escuela. Ven al niño leer cada día y pueden compartir lo que observan.
  2. Pide una valoración profesional. Solo un profesional —psicólogo, neuropsicólogo o logopeda— puede diagnosticar la dislexia, a partir de pruebas específicas y de la historia del niño.

Qué puede hacer la familia

  • Leedle en voz alta y disfrutad juntos de los libros: que la lectura no sea solo un deber.
  • Elegid lecturas cortas y a su nivel, aunque parezcan fáciles para su edad.
  • Valora el esfuerzo, no la velocidad, y evita las comparaciones con hermanos o compañeros.
  • Mejor sesiones cortas y regulares que largas y de vez en cuando.
  • Coordinaos con la escuela, para que el apoyo en casa y en el aula vaya en la misma dirección.

Cómo puede ayudar NeurekaLab

NeurekaLab no diagnostica. Su evaluación de lectura distingue los procesos que intervienen —la ruta léxica, la ruta fonológica y la comprensión lectora— y muestra cuáles le cuestan más a tu hijo. Esa información ayuda a decidir si conviene consultar y a orientar el refuerzo. Después, las actividades se adaptan a su nivel y a su progreso, en sesiones cortas de 15 minutos como máximo, con informes que la familia puede entender.

Más información en NeurekaLab para familias. Si quieres profundizar, lee también Identificación precoz y prevención de la dislexia y Dislexia: cómo detectar las dificultades en la lectura.